Hola amigos,
Hoy os quisiera hablar de la soledad de la enfermedad. Ayer hablé de ello.
Cuando hablo de la soledad, no quiero decir que el paciente esté solo o no tenga a sus familiares, pues esto es lo que le hace estar en sobriedad, el amor que siente por los suyos, cuando su amor propio no vale un duro....
¿Pero y cuando esto no es motivo suficiente para dejar o seguir bebiendo?
Aquí está la soledad, el infierno, el calvarío, el sentimiento de culpabilidad, la necesidad imperiosa.. de saciar unos hígados. Un alivio que no llevará a ningún sitio. En estos momentos, si tenéis algún compañero alcohólico debéis llamarle!
Nadie mejor que el consejo de un alcohólico recuperado puede aliviar vuestra soledad.
Si no, hacer otras cosas, poneros un chándal, salir a correr o a quemar unas sustancias que tenemos en el cerebro. Posiblemente os sentiréis mejor.
Luego, cuando hayáis vencido la necesidad imperiosa de subministrar alcohol al cuerpo, cuando hayáis hablado con algún compañero alcohólico... sentiros orgullosos de no haber recaído.
Vuestro alivio hubiera sido momentáneo, pues los problemas propios que arrastra un alcohólico, no los soluciona el alcohol. Los soluciona estar en la tierra. Echarle huevos y decir, aquí estoy yo. Esto no me gana. Son momentos que tenéis que buscar muchas cosas positivas que seguro que tenéis. No dejéis que salgan vuestros demonios.
Habrán fases de la enfermedad que os pondrá a prueba. Tenéis que ser fuertes!
Siempre vuestro,
Jose Placeres
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